ESPERAR
Presentamos un nuevo artículo de la sección “Semper Fideles”, escrito por el Capellán de la Asociación de Ex Alumnos del Colegio Monte VI Padre Pedro Ferrés. El título hace referencia a la Navidad que se viene y a la importancia de esperar siempre a Dios en nuestro corazón.
Dice San Pablo: “…porque lo que uno ve, ¿cómo esperarlo?; pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia esperamos” (Rom 8,25). ¿Qué quiere decir San Pablo? Quiere decir lo siguiente: lo que ya poseo, no deseo poseerlo; lo que ya tengo, no preciso buscarlo; lo que ya soy, no me cuesta serlo. Pero si no poseo, si no tengo, si no soy…., entonces esperaré, y si no lo alcanzo, con paciencia buscaré y buscaré hasta tenerlo.
Todo hombre espera la salvación, la felicidad definitiva, la liberación de todos los males, incluso de los propios errores. Decía San Agustín que Dios nos hizo para ser felices y “nuestro corazón está inquieto” hasta encontrar el camino (Confesiones).
Hay esperanza universal de salvación. Universal en el tiempo: todas la generaciones. Universal en el espacio: todos los hombres del mundo. Ahí tenemos el caso de los Reyes Magos del Evangelio. Eran hombres del lejano oriente (¿Irán? ¿Arabia?). Eruditos, ricos, estudiosos, astrólogos, religiosos, amigos entre ellos, ¡inquietos! En su sabiduría conocían la sorprendente historia de ese extraño pueblo (para ellos occidental) llamado Israel, y se ve el Dios que buscaban y aún no conocían, les tocó con la gracia para creer las profecías sobre el Mesías, el Salvador. Y como eran ricos, pudieron hacer ese viaje increíble hasta dar con el Niño de Belén.
El ser humano no se puede salvar sólo: necesita ser salvado. El Papa Benedicto en su primera encíclica que se llama Spe salvi (”en esperanza seremos salvados”), dedica unas páginas a Francis Bacon. Ese pensador afirmaba que los sorprendentes adelantos de la ciencia y tecnología no son otra cosa que el motor liberador de la humanidad. Decía Bacon que las consecuencias del pecado original (”la tierra te dará abrojos, con sudor ganarás el pan y al fin volverás a la tierra de donde saliste”. A la mujer: “con dolor llevarás tus preñeces y partos”) serán superadas por la modernidad. Los adelantos científicos liberarán al hombre de todos sus males.
Comenta Benedicto XVI que, si bien en efecto el crecimiento tecnológico hace la vida del hombre más agradable y feliz, de ningún modo lo libera de todos los males. Sólo Dios es nuestra esperanza. ¿Quién nos resucitará después de la muerte? Vivir para siempre (imposible) en este cuerpo de ahora, en las condiciones terrenas, ¿eso es liberación? ¿Quién nos perdonará nuestros pecados y colmará de paz nuestra conciencia? ¿quién nos librará del mal y del error? ¿quién nos salvará del Espíritu del Mal que es el Demonio?
Sin Cristo el mundo se pierde, queda a oscuras, movido por los impulsos de las pasiones (San Macario), arrastrado por las olas de las modas inventadas por la conveniencia económica de unos pocos. Sin Cristo el mundo se convierte en una selva en la que el fuerte se come al chico. Sin Cristo la humanidad se pierde.
Comenzó el Adviento, se acerca Navidad. Tiempo de decir “¡Ven Señor Jesús!”. Ven a este mundo para arreglarlo, para hacerlo más justo, para darle tu paz. Ven a mi alma, para enderezarme, para hacerme más generoso y bueno con los demás, para hacerme más cristiano, para seguirte de más cerca, para ser luz y consuelo para los que me rodean.
Hacer el pesebre en nuestras casas. Esperar a Dios. Rezar en familia.