ESTAR LIMPIOS
Presentamos un nuevo artículo de la Sección SEMPER FIDELES escrito por el capellán de exalumnos, Padre Pedro Ferrés.

Tenemos la experiencia de la limpieza del cuerpo. Acostumbrados a estar limpios, apenas toleramos la suciedad, a no ser que uno esté de campamento en donde estar un poco sucios parece que forma parte del paisaje. Pero aún así llega el momento, sobre todo si es verano, que uno se dice ¡basta ya! ¡esto se acabó! Y busca un jabón y se va a bañar. Y qué lindo es estar limpio otra vez, sobre todo habiendo experimentado el estar sucios por un tiempo. Alguna vez habrá ido de campamento en invierno. Ahí se aguanta mucho más la mugre por lo fría que está el agua. Pero tampoco se aguanta indefinidamente, y a los días todo tu ser te pide que te bañes, a pesar del agua helada. Y uno se ingenia para bañarse con lo mínimo, una mojada rápida, enjabonada sin exagerar, un chapuzón kamikase tras el cual se sale del agua como un rayo y sin aliento. Después un grito a lo Tarzán, y por fin el descanso y el placer de estar limpio otra vez.
En el alma pasa igual. Sobre todo cuando te criaste hijo de Dios por la mejor herencia de tus padres. Sabés lo que es estar limpio en el alma, …y también lo que es estar sucio. Porque sos hijo de Dios, porque sos un hijo vivo de la Iglesia, tu Madre, estás acostumbrado a disfrutar de la limpieza del alma, que sabés que no es gratuita porque costó toda la Sangre de Jesús, nuestro Salvador. Sí, es gratis para ti y para mí, porque prácticamente no tenemos mérito alguno en la limpieza de nuestras almas. ¡Qué alegría, otra vez en gracia! ¡Cómo se nota estar limpio después de estar sucio! Es la ventaja de los pecadores como nosotros, yo el primero.
Hábito de vivir en gracia. Sí, es tal cual. Es la libertad y la alegría que Cristo nos ganó. Es la liberación de su Sangre derramada porque nos quería –nos quiere- más que nadie. No vivas sucio. Acostumbrate a estar limpio. ¿Te caíste en el barro? Al terminar el partido andá a las duchas enseguida. Confesate, sobre todo ahora que se viene Navidad. Tené en el alma el mismo hábito que tenés en el cuerpo: ¡¡limpios!!… y perfumado, con el buen perfume de Jesucristo, para tener contento a nuestro Padre Dios, a Jesús que nos salvó, a su Madre purísima que es nuestra Madre. Y, sin duda, para servir mejor a nuestros hermanos. ¡Feliz Navidad!